MICHIGAN, La Plata

Pablo Matías Vidal publicó MICHIGAN: un disco folk que suena como Wilco, cuenta historias como Win Wenders y se ve como un paisaje pixelado.

Escribe Tomás Cabutti.

En Córdoba hay una pequeña localidad llamada Washington. También existe Londres, una ciudad de dos mil quinientos habitantes al sur de la Provincia de Catamarca. Hace unos días, Pablo Matías Vidal inauguró MICHIGAN, La Plata.

Vidal es un compositor, productor y docente, nacido en el año 1982 en la localidad de Ringuelet, dentro del partido de La Plata. Editó siete discos de forma solista y dos con su banda Los Valses. El mago (así lo apodan sus amistades) decidió que este año iba a grabar algunas canciones, que esas canciones iban a conformar un disco folk y que ese disco se iba a llamar MICHIGAN. A partir de ahí, todos los jueves de junio a septiembre tuvo cita en Estudio El Zumbido donde grabó todo el material sonoro, y en la computadora de su casa donde se propuso generar una identidad visual para la obra. Los temas iban tomando forma al mismo tiempo que Pablo posaba el visor del Street View de Google Maps en distintas calles y rutas del Estado de Michigan, para sacar capturas de pantalla. Así se cocinó este disco de doce canciones propias y un cover de Don Lunfardo, en el cual participa el Tío Valen con su voz.

flyer de la presentación de MICHIGAN.

Cerca de las 21 horas del sábado 30 de Noviembre Pablo Matías Vidal va a subir junto a su banda al escenario de Casa Suiza, en La Plata, para presentar con luces y bombos su último disco: MICHIGAN. Probablemente sea un rasguido de su guitarra acústica el acto que inaugure su show. Seguro las luces lo buscarán a él y a los otros músicos y de a poco la gente se va a ir acercando, con una cerveza en la mano y con la expectativa de ver cómo suena la cosa. Esa podría ser la escena final de esta película que no existe (por ahora) y que tiene a Vidal como nuestro protagonista, sin dudas. Pero para poder contar esta historia como se merece es importante primero situarse en algunos puntos claves de la vida de este correcaminos del indie folk platense.

Mudanzas

El primero de esos momentos, tan aleatorio como significativo, es cuando a los 23 años PMV decidió mudarse por iniciativa propia a una pensión de La Plata, habiendo vivido toda su vida en Ringuelet, es decir a pocos minutos del centro platense. Estaba algo enojado. A sus veinte ya había tenido un corto paso por la Facultad de Comunicación Social y otra aventura en la Facultad de Humanidades, pero ninguna de las dos carreras lo sedujo lo suficiente como para continuar (probó con Periodismo y con la Licenciatura en Letras).

Él tenía clavada la espina de ser platense. ¿Dónde se siente ese pinchazo? En la cabeza, en la experiencia personal, en las ganas de viajar y conocer, en la necesidad de salir corriendo de ese lugar donde uno creció y callejeó la vida. A los veintitrés, Pablo rechazó la comodidad de su casa y emulando a cualquier pibe o piba que recién llega a La Plata, se mudó a una pensión con gente que venía de lugares como Tres Arroyos, Junín, y demás rincones de la Provincia.

Este no fue un paso en falso sino un acierto grande como una casa. La posibilidad de independizarse y empezar a tomar sus propias decisiones lo acercó más a lo que él quería y le permitió deambular en las calles de la música sin deberle nada a nadie. En la pensión conoció a algunos chicos que buscaban lo mismo que él y que lo iban a acompañar en su camino musical. Uno de ellos fue Sebastián Coronel, cantante y guitarrista de La Teoría del Caos. Me pregunto cómo sonaría Ballet Francés, de La Teoría, interpretada por Vidal y pienso que eso debe haber ocurrido en algún asado entre amigos, obvio.

Esa fue una etapa de decisiones que marcan. Un proceso dedicado a buscar esa afirmación personal del deseo propio. Claro, también fue una época de excesos varios y alimentación deficiente: rockanroll. MICHIGAN no habla de esa época. Por lo menos no directamente. Hay más bien una pisada fuerte, un golpe sobre la mesa que te sacude pero con suavidad. Hay una moto que antes viajaba al palo y que ahora anda más lento pero disfruta mejor los paisajes que recorre. Una pandilla de canciones que gritan menos y reflexionan más. Que cuentan historias diferentes, pero que si las juntamos y las escuchamos una atrás de la otra se hace inevitable pensar en la nostalgia de la vida y en las cosas que nos llevaron a donde hoy estamos parados. ¿Malas decisiones, tal vez? Puede ser, pero no importa.

Open in Spotify

Pablo Vidal tiene dos cuentas de Instagram. Una es la más conocida y la que usa para mostrar sus obras y publicitar sus shows. El otro es un perfil casi incógnito, que no tiene nombre ni foto y que sólo muestra una publicación con una imagen que dice “Pablo minifletes” y acompaña un pie de foto que es literal y poético al mismo tiempo: “transportando las pequeñas y medianas cosas de la vida”. Es que además de su trabajo de oficina y de los shows con su banda y con Los Valses, PMV se mueve en una Kangoo por los rincones del casco urbano llevando muebles, valijas con ropa y algunas cosas menos habituales. De esta forma es que el mago costea los discos que produce.

-Hola, si. ¿Con Pablo de los fletes?

-Si, él habla. Mucho gusto.

-¿Qué tal? Te llamo porque acá al lado falleció la señora vió. Ella vivía sola y acá quedaron todas sus cosas. Nadie las vino a buscar. Algunas las vendimos y otras las guardamos nosotros. Pero hay una que no la podemos tener y necesitamos mudarla.

-¿Qué es lo que hay que mudar?

-Una cabra.

PMV (foto de Ariel Isaac Martínez)

Globos, choripanes y una road movie

En 1984 Win Wenders estrenó la película París Texas, una road movie que propone la historia de Travis, un hombre con amnesia temporal, como excusa para realizar un viaje emotivo y sensible de superación personal. El protagonista vaga desorientado por las carreteras texanas, mientras atraviesa cuadros de ansiedad y angustia. La música de este film es como un personaje más: una guitarra folk y nostálgica pero con ritmos bluseros que acompaña a Travis en sus caminatas reflexivas sobre el amor, la paternidad, las emociones, los consumos problemáticos y las oportunidades en la vida. Toda esta búsqueda se ve condensada en un sólo objetivo, un pequeño páramo en medio del desierto estadounidense, donde el silencio hace más ruido que el caos citadino. Donde se entrelazan los colores saturados del paisaje con los sentimientos sombríos del hombre. Ese lugar es una estación llamada París, Texas.

MICHIGAN funciona de forma parecida. Inaugura una parada de tren nueva en la plata. Un paraje folk que evoca a la película de Wenders y medita si no seremos personajes que, sin rumbo pero con una dirección definida, vamos enredándonos entre nosotros hasta confeccionar vínculos que funcionen de abrigo para cuando la cosa se pone fría y difícil. Es un disco que establece un diálogo, un ida y vuelta entre un Estado norteamericano y la capital de la provincia argentina más poblada. Una charla abierta tan cargada de entusiasmo como de nostalgia. MICHIGAN es una suelta de globos en una plaza donde también hay un puesto de choripanes.

Este sábado a la noche Pablo Matías Vidal va a presentar su disco MICHIGAN, en Casa Suiza (2 #621, La Plata), acompañado de Fran Cadierno en el bajo, Nahuel Acosta en teclado, Vito Amoresano en batería y Capu Giuliodoro en guitarra eléctrica. Además, abre la noche la banda uruguaya Milonga Indie. Las entradas se consiguen a $8000, desde la plataforma Passline.

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